Guatemala: un paraíso de contrastes

Guatemala: un paraíso de contrastes

Viernes, 24 de Abril de 2020
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¿Cuántas veces has viajado a Guatemala? Suele preguntarme la gente cuando me conoce de forma más cercana. Mi respuesta siempre es la misma: ¡Ya he perdido la cuenta, pero sé que regresaré pronto! Y así lo siento, cuando yo viajo a Guatemala, no voy, regreso. 

 

 

La primera vez que puse un pie en el “país de la eterna primavera” me enamoré de su exotismo y de su historia, pero lo que más me atrapó fue la inconmensurable fuerza de su naturaleza, que en Guatemala se revela desafiante y provocadora, acogiendo en su seno nada menos que 37 volcanes para un exiguo territorio, comparable a la suma de Castilla León y Asturias.

Desde entonces, me ha sido imposible reprimir mis deseos de regresar continuamente, porque cada estancia ha superado a la anterior, descubriéndome siempre nuevos ambientes; infinidad de sensaciones, de colores, de olores, de sabores; una pluralidad de identidades, de paisajes, de climas y, en definitiva, de contrastes. Y es que Guatemala, situada en la “dolorosa cintura de América” es un microcosmos que alberga una diversidad de culturas y de lugares mágicos e históricos, que la convierten en un destino ilimitado. En verdad, se me hace difícil elegir dos o tres lugares de este maravilloso país, cuando Guatemala ofrece tantas experiencias a los viajeros. Con todo, quien tenga pensado ir, no debe perderse Antigua Guatemala, Tikal y el lago de Atitlán.

El antiguo Reino de Guatemala fue una colonia española desde 1523 hasta 1821 que adquirió la Independencia. Sin embargo, hoy en día, todavía es posible visitar la ciudad colonial de Antigua Guatemala, que vigilada por el gigantesco volcán Hunahpú (Agua), mantiene todavía la esencia de la época de la colonia en la arquitectura de sus casas y palacios, impregnados aún del carácter español del siglo XVII. Sus calles empedradas, rectas y bañadas de historia, han inspirado a artistas, poetas y escritores de todas partes del mundo. Poca gente conoce que el Asteroide B-612 de El Principito, con sus tres volcanes, es “Antigua Guatemala”, lugar donde Saint-Exupéry se recuperó tras sufrir un accidente de aviación. 

La mayoría de los hoteles son antiguos conventos restaurados, cuyas habitaciones guardan la austeridad conventual, pero con las comodidades y servicios más actuales. Y es que en Antigua puedes disfrutar de bellísimas exposiciones de arte antiguo y moderno, visitar mercadillos típicos, asistir a conciertos de música barroca en las ruinas de antiguos conventos, degustar exquisita gastronomía típica o cosmopolita, desayunar en una finca rodeado de cafetales y siempre con un servicio impecable. Desde 1979, esta bellísima ciudad colonial fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, al igual que nuestro siguiente destino recomendado: el Parque Nacional Tikal.

Las pirámides de Tikal, son uno de los mayores yacimientos arqueológicos y centro urbano de la antigua civilización maya. La experiencia de atravesar la selva caminando o deslizándote en canopy (tirolinas) entre árboles plagados de monos aulladores, no deja indiferente a nadie. En esta zona del país es interesante alojarte en alguna cabaña en plena selva del Petén o ir a cenar a alguno de los emblemáticos restaurantes situados en la Isla de Flores, ubicada en el lago de Petén-Itzá.

Otro de los lagos más mágicos del país es Atitlán, con 18 km de longitud y flanqueado por tres volcanes, está situado a 1560 metros de altura sobre el nivel del mar. Pasear en lancha por los diversos pueblecitos de la costa; alojarte en algún hotel o cabaña a sus orillas; darte una sauna maya en un temascal y, al salir, saltar a las frías aguas del lago; practicar meditación, yoga o darte un masaje relajante; deleitarte escuchando un concierto de música alternativa; saborear una cena o simplemente un vino entre amigos, mientras disfrutáis de un atardecer con vistas al lago son experiencias, más que aconsejables, obligatorias para nuestros sentidos.

Estos tres destinos, apenas son un esbozo de lo que llega a ofrecer Guatemala a sus visitantes. Se nos queda en el tintero el Caribe guatemalteco, con sus playas de arena blanca, donde encontramos Livingston; la única región del país con habitantes de raza negra y con una historia propia, la garífuna, que merecería un artículo aparte. También queda pendiente la costa del Pacífico, el frío Altiplano, el lago Izabal, Río Dulce y diversas aventuras como atravesar un bosque de bambú, descubrir las mil y una especies de orquídeas salvajes o subir un volcán en erupción, mientras sientes como tus suelas se van derritiendo a cada paso… Definitivamente, me quedo corta con las experiencias que ofrece “Guatelinda”, a la que pronto regresaré.

Gabriela Quirante Amores

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